ÁNGEL GAMBÍN

El siglo XX nos enseñó que en el arte cabe mucho más que la academia, y también que no todo cabe. Se ampliaron los medios de expresión, la materia, la técnica, le agregó el sentimiento, la intuición, la espontaneidad, admitió desde el hiperrealismo a la abstracción, no puso trabas dogmáticas al esfuerzo ni al sentimiento del artista. El color por si fue capaz de expresar el sentimiento del artista pero también lo hacía la línea, sea geométrica o espontanea. La proporción del color y de la forma la decide el creador, su combinación o su ausencia. El artista crea la obra, y la da por concluida cuando su espíritu se queda conforme y tranquilo. Esto es el modo de entender que el trabajo está terminado, o que nos acompañará en el tiempo y en la mente hasta que nuestro convencimiento íntimo nos diga que está terminada, o que tenemos que seguir. Esto hace que debamos valorar el arte como algo íntimo y reflejo del artista antes que como el objeto material que es, en el caso de la pintura. A través de la obra el artista manifiesta los sentimientos, inquietudes y deseos que con la palabra difícilmente sería capaz, crea sus signos de expresión y los ofrece al espectador para que los lea o los descifre, y en ese esfuerzo comprenda al autor, haga suyo el convencimiento de aquel y compartan la obra.

Dotar de capacidad de diálogo a la obra es llenarla de contenido, de vida y de capacidad de comunicación. Esa capacidad necesita un receptor, distinto cada vez, en ocasiones simultáneos, receptores que de un mismo objeto infieren sentimientos y mensajes distintos. Pintar la realidad natural acerca la capacidad de diálogo, existe una realidad abstracta también asequible al entendimiento, que depende de la forma de la distancia o de estereotipos gráficos tomados de la percepción aprendida. Representar lo que no vemos, lo intangible, incluso el sentimiento que ocultamos, nos posiciona en un estado propio de percepción, prácticamente unívoco y nos obliga a ir más allá del propio personaje representado. Si lo logramos estaremos representando un retrato psíquico del pensamiento y la conducta. Luego queda compartirlo con el espectador del cuadro, que no conoce la versión original del modelo y queda supeditado a la obra. Está en la capacidad creativa del artista y sus recursos transmitir o no su percepción, solo ahora interviene la técnica y la capacidad material del artista. Todas mis obras no pretenden más que lo descrito anteriormente, siempre referido a la mente humana, su conducta consciente pero sobretodo la inconsciente que nos da la verdadera dimensión del individuo.

Ángel Gambín